NOTICIA
ENTREVISTA CON EL MAESTRO

Mientras Giorgio Armani preparaba su presentación para la Semana de la Moda en Londres, Justine Picardie, editora en jefe de Harper’s Bazaar UK, disfrutó de una inusual audiencia con el rey de la so sticación italiana. 


Fotografías de Serge Leblon 


Por la mañana antes del último show de alta costura de Giorgio Armani en París, el maestro está tan calmado como siempre, trabajando con su equipo en el atelier con filas alineadas de vestidos negros vaporosos que constituyen una parte significativa de la colección. Cada detalle es exquisito: cuentas de cristal incrustadas y bordados, nubes de plumas negras, capas fluidas de tul y terciopelo sinuoso, mientras el señor Armani, atento como un conductor orquestal, hace sus ajustes finales para crear una elegante sinfonía que es la expresión más pura de su prevaleciente visión de la belleza. 

A sus 83 años, luce distintivamente saludable: bronceado, delgado y vestido en su uniforme característico con una polera azul medianoche y pantalones marinos. Su mirada fija abarca todo y, justo después de saludarnos, ya ha tomado nota de los detalles de mis prendas (ballerinas, una blusa floral de chifón y jeans). Hace alusión a estos casi de inmediato cuando le pregunto sobre su decisión de poner en el escenario su último show de Emporio Armani durante la Semana de la Moda en Londres en septiembre (que coincide con la reapertura de su tienda en la calle Bond). “He estado lejos de Londres por mucho tiempo”, dice. “La ciudad ha cambiado, yo he cambiado y la moda ha cambiado. Pero lo que ha permanecido es mi deseo a expresarme. Porque en este mundo rápida- mente cambiante puedes ser influenciado y arrastrado de una dirección a otra, y perder tu propia identidad. Pero tengo ojos y oídos; miro a mi alrededor y escucho, y me he dado cuenta que usas tus jeans de una manera hermosa, cosa que, quizá, no hubieras hecho hace 10 años. Así es que esto es lo que significa; este es el Londres del 2017, 2018. Y ahora considero que Londres es, tal vez, mucho más sofisticado que antes”. 

La sofisticación es, por supuesto, la esencia del estilo Armani, desde que lanzó su marca en 1975, con una singularidad que lo ha convertido en una rareza entre los diseñadores contemporáneos: el presidente y dueño de su propio negocio, con una fortuna personal de poco más de ocho billones de dólares, y un verdadero independiente en una era de conglomerados globales. Y de alguna manera ha hecho que esta hazaña casi imposible parezca sencilla, mientras hace que su sutil y característica confección luzca espontánea. Pero vale la pena recordar lo radical que esto fue al principio de su carrera, cuando deshacerse de las líneas rígidas de los abrigos tradicionales, perfeccionando una versión ingeniosa, pero simplificada de prendas andróginas que otorgaban una gracia flexible entre aquellos que decidieran usar Armani, ya fuera por trabajo o placer. Como Coco Chanel –una diseñadora a quien admira profundamente, junto con Yves Saint Laurent–, Armani tiene una aptitud para crear simplicidad que oculta la complejidad de su talento, inspiración y ambición. Y una vez más como Chanel, las superficies pulcras de su imperio, artífice de su éxito, también pueden contener problemas del pasado y profundidades ocultas. “Soy muy duro conmigo, incluso más que con quienes me rodean”, relató en una memoria publicada en 2015. Y su vida fue desafiante desde el comienzo, ya que nació durante la depresión, en julio de 1934, y creció bajo la sombra de la dictadura fascista de Mussolini, en la ciudad italiana del norte Piacenza, la que sufrió bombardeos intensos durante la Segunda Guerra Mundial. En sus memorias, Armani recordó: “el miedo de vivir en una ciudad bombardeada, resguardándome en sótanos”, y en previas conversaciones me ha contado acerca de las carencias de la guerra y sus consecuencias, cuando “no había dinero y nada para comer”. El segundo hijo de tres, su hermano más grande (Sergio, aún con vida) y una hermana más chica, Rosanna; su padre era trabajador de una empresa de transportes, y más tarde arrestado y encarcelado por varios meses después de la guerra, por cargos de haber trabajado en un estado fascista. Su madre, ama de casa, quien también organizaba campamentos de verano para niños, era una mujer hermosa, majestuosa, pero con una presencia austera; una dama natural- mente elegante, dice, pero una a quien las muestras de cariño no se le daban de forma fácil.

Perfil completo en Harper’s Bazaar, Diciembre 2017.

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