NOTICIA
EL ÚLTIMO HIELO

Los meteorólogos señalan que, entrado este siglo, el hielo marino que cubre la mayor parte del Ártico quedará reducido a una franja por encima de Groenlandia y Canadá. Se convertirá en un refugio para osos polares y otras criaturas silvestres que lucharán por sobrevivir. 


Por Tim Folger 


Primero vemos un impresionante y ex- tenso reguero escarlata, probablemente la sangre de una foca ocelada sobre la nieve que cubre el hielo marino. Después aparece el oso polar. Es una hembra grande, de unos 225 kilogramos, seguida de un cachorro. Saltan al agua por una sura en el hielo, entre el mar congelado. En segundos están fuera otra vez y corren por el hielo asustados por nuestro helicóptero que se acerca. Una carrera prolongada puede dañar a los osos polares: la grasa y la piel los aíslan tan bien que corren el riesgo de sufrir sobre- calentamiento. François Létourneau-Cloutier, nuestro piloto quebequense, eleva el helicóptero y la madre y el osezno retoman un paso lento. 

Después de seguirlos por varios minutos, Létourneau-Cloutier coloca el helicóptero sobre el hielo, a unos 100 metros, y apaga el motor. Durante un momento suspendido en el tiempo, saboreamos la escena: osos sobre lo que de otra manera sería una inmensidad vacía de hielo y nieve, innumerables pozos poco profundos de agua de deshielo que reflejan el sol de verano rodeado de tenues auras azules y rojas. Después, con un chillido frenético, las hélices del rotor del helicóptero rompen el encanto y nos elevamos con un giro hacia el suroeste, hacia nuestro campamento en el extremo más septentrional de la isla de Ba n, en Canadá, unos 1 100 kilómetros al norte de la bahía de Hudson. 

En unas cuantas décadas es poco probable que estas vistas continúen, al menos no aquí, durante el verano. Conforme el planeta se calienta, el hielo marino de verano y la vida perfectamente adaptada que sostiene –osos, focas, morsas, ballenas, bacalao ártico, crustáceos, algas del hielo– podrían desaparecer de los alrededores de Ba n. En los años ochenta del siglo xx, los datos satelitales mostraban que el hielo marítimo del Ártico se extendía en promedio por unos 7.5 millones de kilómetros cuadrados al final del verano. Desde entonces se han perdido más de 2.5 millones de kilómetros cuadrados, un área casi del tamaño de Alaska, Texas y California juntos. 


Reportaje completo en Revista National Geographic • Enero,  2018.

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