NOTICIA
INTENSO, PROVOCATIVO, PERTURBADOR, CAUTIVADOR GENIO PICASSO

Su travesía de prodigio a icono reveló la profundidad de su maestría y la brillantez inquieta detrás de esta. 


POR CLAUDIA KALB

FOTOGRAFÍAS DE PAOLO WOODS Y GABRIELE GALIMBERTI 


Justo después de la entrada de la casa de subastas, en el Rockefeller Center, el vibrante retrato geométrico Mujer en cuclillas (Jacqueline), de Pablo Picasso, se pasea por un pasillo, transportado por dos encargados de arte vestidos de negro. 

Pintado en el sur de Francia en octubre de 1954, retrata a Jacqueline Roque, la amante de 27 años de Picasso, que más tarde sería su esposa, con los brazos cruzados alrededor de una falda de mosaicos verdes y morados. El artista, entonces de 72 años, lo pintó en un solo día, y de él brotan pinceladas vigorosas, pigmento espeso, formas bulliciosas, ojos desalineados y una nariz invertida. Una luz dorada rodea el cuerpo de Jacqueline.

Esa noche, el subastador Adrien Meyer empieza la puja en 12 millones de dólares y esta sube rápidamente cuando dos representantes de Christie’s se baten en duelo, en una guerra de ofertas tele- fónicas en nombre de sus clientes anónimos. Con la espalda recta y la cabeza echada hacia adelante, con la mirada fija como un jaguar que acecha a un pecarí, Meyer media entre los dos hasta que uno de ellos da señales de derrota. Finalmente, con un golpe de su martillo, anuncia el precio ganador de 32.5 millones de dólares. 

Asombroso pero no sorprendente. Casi medio siglo después de su muerte, Picasso aún hechiza, confunde, seduce y provoca. Desde sus inicios como artista, hizo añicos nuestra comprensión más primigenia del mundo con sus rostros fracturados y sus perspectivas fragmentadas. Trabajaba de forma voraz, reinventando su estilo a un ritmo rápido –sus periodos azul y rosa, el periodo africano, el cubismo, el surrealismo–, creando miles de esculturas, dibujos, grabados en cobre, cerámicas y pinturas. Así como Albert Einstein visualizaba ondas gravitacionales en el universo, Picasso veía ondulaciones en el mundo en que vivimos mucho antes de que nosotros mismos las viéramos. 

Sentado en un sillón cartujo en la sala de su casa en Ginebra, Claude, el hijo de Picasso, contempla el efecto de la obra de su padre. “Fue destruyendo todo a lo que estábamos acostumbrados –dice– y creó una nueva visión para todos”. 

¿Cómo evoluciona una persona de recién nacido a mente maestra? ¿Cómo puede un individuo redefinir la manera en que vemos? Picasso, el hombre, era desordenado. Le encantaba la vida en el circo y la muerte en las corridas de toros. Podía ser a la vez bullicioso y silencioso, amoroso y autoritario. Pero, desde sus inicios como prodigio hasta sus años finales, cuando pintaba mosqueteros y matadores, parecía destinado a la grandeza y su travesía hacia la genialidad estaba fija de manera tan firme como la pintura en el lienzo. Todos los elementos estaban ahí: una familia que cultivó su pasión creativa, curiosidad intelectual y determinación, grupos de amigos inspiradores, la suerte de haber nacido en un tiempo en el que ideas nuevas en la ciencia, la literatura y la música vigorizaban su obra y la llegada de los medios masivos de comunicación que lo catapultaron a la fama. A diferencia de los genios creativos que murieron jóvenes –Sylvia Plath a los 30 años, Wolfgang Amadeus Mozart a los 35, Vincent van Gogh a los 37–, Picasso vivió hasta los 91. La curva de su vida no fue solo prodigiosa, sino también larga. 


Sigue el reportaje en Revista National Geographic, Mayo 2018.

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