NOTICIA
PLÁSTICO

Por: Laura Parker

Fotografías: Randy Olson

Si el plástico se hubiera inventado cuando los peregrinos zarparon de Plymouth, Inglaterra, hacia América del Norte –y el Mayflower hubiera estado aprovisionado con agua embotellada y bocadillos envueltos en plástico-, es muy probable que su basura plástica siguiera en el mar, incluso después de cuatro siglos.


Si los peregrinos hubieran sido como muchas personas modernas y, simplemente, tiraran por la borda sus envolturas y botellas vacías, el oleaje del Atlántico y la luz solar habrían descompuesto todo ese plástico en pedacitos minúsculos. Y esos pedacitos seguirían flotando hoy en los mares del mundo, absorbiendo toxinas que se sumarían a las que ya contienen, aguardando a ser engullidos por algún desventurado pez u ostra y, en última instancia, tal vez por alguno de nosotros. 

Deberíamos agradecer que los peregrinos no tuvieran plástico, pensé hace poco, mientras viajaba en un tren por la costa sur de Inglaterra, hacia Plymouth. Iba a encontrarme con un hombre que me ayudaría a entender el desastre que hemos ocasionado con el plástico, sobre todo en el mar. 

Debido a que el plástico se inventó a finales del siglo XIX, y que la producción solo cobró impulso hacia 1950, tenemos que lidiar con apenas 8 300 millones de toneladas de ese material. De ellas, más de 6.300 millones se han convertido en basura. Y, de esa basura, un total pasmoso de 5.700 millones de toneladas nunca llegaron a un contenedor de reciclado; una cifra que dejó atónitos a los científicos que hicieron las cuentas en 2017. 

Nadie sabe cuánto del plástico no reciclado termina en el océano, el último vertedero de la Tierra. En 2015, Jenna Jambeck, profesora de ingeniería de la Universidad de Georgia, llamó la atención de todos con un cálculo aproximado: entre 4.8 millones y 12.7 millones de toneladas anuales, procedentes solo de las regiones costeras. Jambeck y sus colegas señalan que la mayor parte no se arroja de los barcos, sino que se desecha, desenfadadamente, en tierra o en los ríos, sobre todo en Asia. Y entonces el aire o el agua lo llevan hacia el mar. Jambeck propone que imagines 15 bolsas plásticas para compras repletas de basura plástica, apiladas en cada metro de litoral en todo el mundo: eso correspondería a unos ocho millones de toneladas, un cálculo intermedio de lo que enviamos al mar cada año. No se sabe cuánto demorará ese plástico en biodegradarse por completo en las moléculas que lo componen, aunque algunos cálculos oscilan de 450 años a nunca. 

Entre tanto, se estima que el plástico oceánico mata millones de animales marinos cada año. Se sabe que afecta a casi 700 especies, incluidas muchas amenazadas. Algunas sufren daños visibles, como estrangulamiento en redes de pesca abandonadas o anillos para latas desechados. 

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