NOTICIA
UN ROMANCE DE 9.000 AÑOS

El alcohol no es solo una bebida que afecta la mente, también ha sido un importante motor cultural desde el origen de la humanidad y ha impulsado el desarrollo de las artes, el lenguaje y la religión. 


Una recién casada china brinda con sus invitados con una copa tradicional de vino de arroz. Este licor se ha bebido en China durante al menos 9.000 años; el residuo químico hallado en una jarra de esa época es la prueba más antigua de una bebida fermentada de manera deliberada. Sin embargo, es probable que la influencia del alcohol se encuentre mucho más allá en la prehistoria. 

Por Andrew Curry 
Fotografías de Brian Finke 

Si quieres ser cervecero en Alemania, tienes que conocer a Martin Zarnkow. Los estudiantes van a su departamento en la Universidad Técnica de Múnich porque es uno de los pocos lugares del país donde los bebedores de cerveza pueden obtener un título en ciencia cervecera. Algunas de las cervecerías más grandes de Alemania acuden a Zarnkow para resolver problemas o desarrollar nuevas cervezas. Su laboratorio, cuyas puertas están aseguradas con cerrojos codificados, está repleto de equipos químicos sofisticados y secuenciadores genéticos. Pero, hoy, no utiliza esos aparatos. 

Por el contrario, lo encuentro al final del pasillo, encorvado sobre un horno en la cocina para empleados, empuñando una espátula de plástico negro con la que mueve lo que parecen galletas de granola pastosa en un sartén. Las galletas están hechas con malta cervecera –granos de cebada tostada y germinada–, mezclada con harina de trigo y unas cucharadas de masa madre. Zarnkow me cuenta que su proyecto del día es recrear cerveza con una receta sumeria de hace 4.000 años. Zarnkow, quien comenzó su carrera como aprendiz de cervecero, es también un eminente historiador de la cerveza. El edificio de Zarnkow comparte lo alto de una colina, que domina el aeropuerto de Múnich, con la cervecería Weihenstephan, fundada por monjes benedictinos en 1.040, la más antigua del mundo que sigue activa. 
No tienes que ser visitante asiduo de un Oktoberfest para saber que Alemania tiene una larga tradición cervecera, aunque también presume una larga historia con las salchichas. Por su parte, Francia se dedicó a producir vino hasta después de la conquista romana (como sucedió en casi toda Europa) y esa determinación jamás ha vacilado, pero los franceses también son célebres por su afición al queso. Quizá por eso, durante mucho tiempo, tal ha sido el valor que la mayoría de historiadores le ha conferido al vino y la cerveza: meros consumibles, sin duda significativos pero no muy distintos de las salchichas y el queso, excepto porque el consumo excesivo de alcohol es un vicio mucho más destructivo. En suma, las bebidas alcohólicas fueron un subproducto, más que un elemento central, de la civilización. 
Zarnkow es parte de un grupo de investigadores que en las últimas décadas ha desafiado esa teoría. Él y otros han demostrado que el alcohol es una de las sustancias de mayor producción y consumo universal en la historia, y también en la prehistoria, porque la gente lo bebía mucho antes de inventar la escritura. La cerveza sumeria de Zarnkow dista mucho de ser la más antigua. Un análisis químico reciente demostró que los chinos preparaban hace 9.000 años una especie de vino con arroz, miel y fruta. Y las uvas fueron uno de los primeros frutos domesticados en la cordillera del Cáucaso de la moderna Georgia, así como en los montes Zagros de Irán, donde se producía vino hace alrededor de 7.400 años. 

No te pierdas el increíble reportaje sobre Alcohol en National Geographic, Febrero 2017.

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