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¿QUIERES QUEDARTE DORMIDO? LEE ESTE ARTÍCULO

En serio. Deja tu teléfono. Te mostraremos cómo es un sueño nocturno saludable. También, cómo esas luces azules nos impiden dormir lo suficiente. 

POR MICHAEL FINKEL 

FOTOGRAFÍAS DE MAGNUS WENNMAN 

Nuestro cerebro altera de manera profunda su comportamiento y propósito, atenuando nuestra conciencia. Durante un rato quedamos casi por completo paralizados. Sin embargo, nuestros ojos se mueven rápidamente tras los párpados cerrados, como si vieran, y los pequeños músculos de nuestro oído medio se mueven como si oyeran, incluso en el silencio. Hombres y mujeres sentimos, reiteradamente, estímulos sexuales. A veces creemos que podemos volar. Nos acercamos a las fronteras de la muerte. Dormimos. 

Alrededor del año 350 a. C., Aristóteles escribió el ensayo “Acerca del sueño y de la vigilia”, en el que se preguntaba qué hacíamos y por qué. En los 2.300 años posteriores, nadie tuvo una buena respuesta. En 1924, el psiquiatra alemán Hans Berger inventó el electroencefalógrafo, el cual registra la actividad eléctrica del cerebro, y así el estudio del sueño pasó de la filosofía a la ciencia. Sin embargo, desde hace pocas décadas las máquinas de imagenología nos han permitido dar un vistazo más profundo al funcionamiento interno del cerebro, así que nos hemos acercado a darle una respuesta convincente a Aristóteles. 

Todo lo que hemos aprendido acerca del sueño ha resaltado su importancia para nuestra salud mental y física. Nuestro ciclo de sueño-vigilia es una característica central de la biología humana, una adaptación a la vida en un planeta rotatorio, con su interminable ciclo de día y noche. En 2017, el Premio Nobel de Medicina se les otorgó a tres científicos que en los años ochenta y noventa identificaron el reloj molecular en el interior de nuestras células (conocido como ciclo circadiano o circádico) cuyo propósito es mantenernos en sincronía con el sol. Investigaciones recientes muestran que, cuando este ritmo circadiano se rompe, estamos en un mayor riesgo de contraer padecimientos como diabetes, enfermedades coronarias y demencia. 

Sin embargo, el desequilibrio entre nuestro estilo de vida y el ciclo solar se ha convertido en una epidemia. “Parecería como si ahora viviéramos en un estudio mundial de las consecuencias negativas de la privación del sueño”, dice Robert Stickgold, director del Centro de Sueño y Cognición de la Facultad de Medicina de Harvard. El estadounidense promedio duerme hoy menos de siete horas por noche, unas dos horas menos que hace un siglo. En nuestra incansable y muy iluminada sociedad, con frecuencia consideramos el sueño como un adversario, un estado que nos quita productividad y ocio. Thomas Edison, quien nos dio las bombillas eléctricas, expresó que “el sueño es absurdo, un mal hábito”. Creía que terminaríamos por eliminarlo por completo. 

Una noche entera de sueño ahora se siente rara y anticuada, como una carta escrita a mano. Es como si todos quisiéramos tomar atajos con pastillas para dormir, engullendo café para abofetear los bostezos, ignorando que estamos diseñados para tomar un complicado camino con cada anochecer. En una buena noche pasamos cuatro o cinco veces por varias etapas de sueño, cada una con atributos y propósitos únicos. 


Todo sobre el sueño en revista National Geographic, Agosto 2018.

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