NOTICIA
LOS AMOS DEL CIELO

POR SIGLOS, LOS HUMANOS SE HAN VINCULADO DE MANERA ESPECIAL CON LOS HALCONES. HOY, UN JEQUE Y SU HALCONERO CRÍAN Y ENTRENAN AVES DE UNA FORMA QUE PODRÍA SER MODELO DE PROTECCIÓN. 

 
POR PETER GWIN 
FOTOGRAFÍAS DE BRENT STIRTON 

La luz azulada del amanecer revela los contornos sombreados del desierto árabe, al tiempo que el jeque Butti bin Maktum bin Juma al Maktum y su hijo se arrodillan para rezar. La arena aterciopelada es fresca y las huellas del andar nocturno de un zorro del desierto cruzan la zona. Cerca, las siluetas de 12 pilares pequeños señalan el pie de una duna en cuya cima un hombre prepara una mesa plegable para servir té. En el horizonte, es posible ver el destello de los rascacielos de Dubái, un lugar que se transformó de un pequeño remanso a una ciudad portuaria hipermoderna gracias al abuelo del jeque, el jeque Rashid bin Saeed al Maktum.

Ahí, una cascada de preocupaciones y obligaciones le espera al jeque Butti. Pero todo eso está a un mundo de distancia. Aquí, en el paisaje silencioso de sus antepasados beduinos, el jeque encuentra la paz con sus halcones. Es octubre y los halconeros en Emiratos Árabes Unidos están ocupados con el entrenamiento de sus aves para cazar y para la próxima temporada de carreras. Todos los días, el jeque Butti, su hijo Maktum y su séquito se levantan a las cuatro de la mañana y conducen durante más de una hora en el desierto para entrenar las aves antes del calor ardiente del día. 
A medida que el cielo se ilumina, veo que los 12 pilares son halcones encapuchados sobre sus perchas, que esperan en silencio el entrenamiento del día. Hay halcones peregrinos de colores crema y chocolate, halcones gerifaltes moteados, halcones sacres pardos además de híbridos de especies diferentes. En conjunto, el grupo contiene linajes que abarcan Europa, Asia y las zonas silvestres del Ártico. Estos representan solo unos cuantos de los cientos de aves que el jeque posee, las cuales podría decirse que constituyen una de las colecciones de halcones más exquisitas jamás reunidas. 
Pani, uno de los ayudantes del jeque, me alcanza una taza de té y se apresura para preparar la carnada del primer entrenado. “Buenos días, Howard”, saluda el jeque al hombre desgarbado, calvo y de lentes parado junto a mí. Howard Waller, de 57 años, es su criador de halcones, amigo y con dente. La voz del jeque es brillante y llena de entusiasmo; inmediatamente, los dos hombres se ven envueltos en una animada charla que pasa de un tema a otro sobre el arte de la cetrería. 
Discuten sobre las aves agrupadas ante ellos y otras de los diversos aviarios del jeque. Comentan sobre los méritos de las dietas de codorniz o de paloma, la forma correcta de desarrollar masa muscular, los inconvenientes de enfermedades como la aspergilosis y la pododermatitis. Señalan las aves jóvenes que exhiben personalidades agresivas y las que parecen pasivas. Incluyen algunos chismes sobre las adquisiciones de otros halconeros de Dubái y las noticias de las comunidades cetreras en los países vecinos: Arabia Saudí, Catar y Baréin. Con entusiasmo anticipan las respuestas del otro y se comunican con una taquigrafía casi inescrutable para los demás: “El gris, con cuyo padre cazábamos hace dos años”. “El gerifalte al que le arreglamos la pluma rota de la cola”. 
Hablan de sus aves favoritas: Delua, Dedo Blanco, Viejo Bedford y, por supuesto, del difunto Haseem –el buen Haseem–, y los linajes que produjeron, cada uno con su carga genética de esquemas de colores y rasgos de personalidad sorprendentes. Y también está El Blanco. Sus voces se llenan de emoción cuando lo mencionan, un halcón de un año que podría ser el más hermoso que hayan visto. Ha sido así cada mañana durante las casi dos semanas que el jeque amablemente nos permitió al fotógrafo Brent Stirton y a mí observar los entrenamientos. Antes del amanecer, los dos halconeros vagan por la oscuridad del desierto, solo ellos dos, perdidos en su conversación. 
En los últimos 20 años, el jeque Butti y Howard han ayudado a introducir cambios importantes en la cetrería árabe. El más notable: cruzan y crían personalmente cada una de las aves que entrenan, una práctica que se creía imposible antes de que se lograra reproducir en cautiverio halcones peregrinos en 1942, gracias a Renz Waller (sin relación con Howard), halconero del líder nazi Herman Göring. También es una práctica que Howard y el jeque Butti creen que puede tener una huella mayor en la conservación de los halcones, en un momento en que varias especies se enfrentan a las amenazas de la pérdida de hábitat y el comercio ilegal de vida silvestre. Y aunque la gran mayoría de los halconeros emiratíes vuela aves criadas en cautiverio, algunos halconeros tradicionales en otras partes del Medio Oriente todavía pre eren aves silvestres capturadas después de que aprendieron solas a cazar. 

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