NOTICIA
AMENAZADOS POR EL MUNDO EXTERIOR

MINEROS, GANADEROS Y TALADORES ILEGALES INVADEN LAS TIERRAS DE LOS ÚLTIMOS PUEBLOS AISLADOS
EN LAS SELVAS AMAZÓNICAS DE BRASIL Y PERÚ. 


POR SCOTT WALLACE Y CHRIS FAGAN  
FOTOGRAFÍAS DE CHARLIE HAMILTON JAMES 

BRASIL 

Las marcas de neumáticos en
la tierra roja eran profundas. Y recientes. Tainaky Tenetehar se apea de su motocicleta todoterreno para observarlas de cerca. “Son de esta mañana”, informa con la certidumbre de un rastreador veterano, habituado a cualquier indicio de actividad humana en estas tierras anárquicas fronterizas. 
Usa los binoculares para escudriñar las ondulantes colinas de sabana calcinada que se extienden hasta una cresta arbolada. Allí, en una de las fronteras más disputadas de Brasil, las huellas de neumáticos tienen un significado especial y amenazador. “Taladores”, anuncia Tainaky. El enemigo. 
Tainaky, quien también usa su nombre portugués, Laércio Souza Silva Guajajara, se vuelve hacia sus compañeros, otros cuatro integrantes de la etnia guajajara, quienes desmontan de sus motocicletas deterioradas. El aspecto de la patrulla es algo abigarrado: pantalones vaqueros remendados, camuflaje, gafas de aviador y pañuelos para proteger sus rostros del polvo omnipresente de la temporada seca. Equipados con una colección de armas igualmente modesta: un rifle de caza de tiro único, una pistola casera y algunos machetes.
“¿Los perseguimos?”, pregunta Tainaky. 
Han incendiado camiones, confiscado armas y motosierras, y expulsado a los enfurecidos taladores. Los líderes de patrulla –como Tainaky, de 33 años– han recibido varias amenazas de muerte, de modo que algunos patrulleros adoptan nombres ficticios para ocultar sus identidades. En 2016 asesinaron a tres de ellos en solo un mes. 
Estos hombres pertenecen a una fuerza local integrada por cientos de voluntarios indígenas que se hacen llamar los Guardianes de la Selva. En años recientes han emergido este y otros grupos semejantes para responder a la creciente oleada de tala ilegal que está diezmando las selvas protegidas del estado amazónico oriental de Maranhão, incluidos los 4.150 kilómetros cuadrados de la territorio indígena Araribóia. Junto con las selvas, están por desaparecer las presas silvestres que han sustentado la cultura de caza de los guajajaras durante generaciones. Y la de- forestación también provoca que se sequen los lagos de donde nacen sus ríos y arroyos. 
Sin duda, hay mucho en juego para los guajajaras, quienes adoptaron estrategias eficaces de supervivencia desde hace siglos, a raíz de sus primeros contactos sangrientos con los extranjeros. La mayoría conoce las costumbres del mundo exterior; es más, muchos han vivido allí. Sin embargo, mucho más difíciles son las circunstancias de los awás, otro pueblo con el que comparten la reserva de Araribóia. Varias bandas de nómadas awás –el pueblo aislado o “no contactado” de la región más oriental del Amazonas– rondan las selvas centrales del territorio, viviendo en un estado de fuga casi constante debido al chirrido de los cabrestantes y las motosierras y, en temporada de secas, al humo de los incendios forestales. 

No te pierdas el reportaje completo en Revista National Geographic Chile, Octubre, 2018.

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