NOTICIA
LA NUEVA CARRERA ESPACIAL
Científicos, visionarios, entusiastas y soñadores

Por Sam Howe Verhovek 

Fotografías de Vincent Fournier 


Una vez más…los jóvenes ingenieros indios se sentaron, un poco nerviosos, en una improvisada sala de conferencias dentro de lo que fue una cavernosa bodega de baterías para automóvil, en Bangalore. Frente a ellos estaban varios hombres y mujeres de mucha mayor edad, algunos de ellos luminarias canosas del sólido programa espacial de India. La primera agencia espacial asiática en enviar un orbitador a Marte también rompió un récord mundial, por casi el triple, al poner en febrero pasado 104 satélites en órbita en una sola misión. El objeto de la atención de todos era un pequeño dispositivo rodante, apenas del tamaño de un horno de microondas. 

Los miembros del joven equipo explicaron sus planes para lanzar el dispositivo al espacio a finales de este año, a bordo de un cohete, y enviarlo a casi 400.000 kilómetros de distancia para orbitar la Luna, además de guiarlo para llevar a cabo un alunizaje y que deambule por el áspero paisaje lunar. Los ingenieros de TeamIndus dijeron que su compañía haría todo esto con un presupuesto limitado, probablemente de 65 millones de dólares, más o menos, la mayor parte del cual se obtuvo de inversionistas privados. 

Un inversionista prominente de Bombay, Ashish Kacholia, quien ha invertido más de un millón de dólares en la empresa, está sentado, paralizado por la discusión. Kacholia no necesitaba verificar esta inversión en particular, pero se quedó solo para oír el diálogo erudito. 

“Es emocionante, en verdad –explicó–. Ahí tiene a estos jóvenes de entre 25 y 28 años defendiendo sus cálculos, todo su trabajo, frente a 1000 años de experiencia y sabiduría aeroespacial colectiva de la nación”. Su amigo, S. K. Jain, también un inversionista indio muy conocido, asintió vigorosamente con la cabeza. “Estos chicos impulsan toda la imaginación de India –comentó–. Les dicen a todos que nada es imposible”. 

Casi 50 años después de la culminación de la primera carrera espacial importante a la Luna, en la que Estados Unidos y la Unión Soviética gasta- ron cantidades exorbitantes de dinero público, se desarrolla una intrigante carrera nueva a nuestro vecino más cercano en el espacio, una que involucra dinero privado y costos drásticamente más bajos. La recompensa más inmediata, los 20 millones de dólares del Google Lunar XPrize (o GLXP), se otorgará a uno de los cinco equipos finalistas provenientes de todo el mundo. Son los primeros equipos financiados de manera privada que intentarán poner un vehículo ambulante en la Luna, el cual pueda transmitir imágenes de alta de definición a la Tierra. 

La competencia se diseñó explícitamente según las grandes carreras que sirvieron para impulsar la innovación durante los primeros años de la aviación, sobre todo el Premio Orteig, que ganó Charles Lindbergh en 1927, cuando voló el Spirit of St. Louis sin escalas de Nueva York a París. 

Al igual que el Premio Orteig, el Lunar XPrize implica prestigio nacional. Equipos de Estados Unidos, Israel y Japón, más un grupo multinacional, se disputan el honor junto con India; un des- le de otras naciones participó en los 16 equipos que llegaron a la etapa seminal el año pasado. 

Casi tan diversa como sus países de origen es la gama de enfoques y socios comerciales involucrados en resolver tres problemas básicos: el lanzamiento desde la Tierra, el alunizaje y, posteriormente, desplazarse para recolectar y transmitir datos. Para satisfacer este último desafío, tres equipos planean desplegar variantes de un vehículo explorador tradicional (rover), mientras que los otros dos buscan utilizar su módulo de alunizaje para dar un gran salto para el sector privado. Quieren “saltar” el mínimo requerido de 500 metros en la Luna, en lugar de recorrer su superficie en un vehículo. 

Al igual que con muchos premios de la aviación pionera, es casi seguro que cualquiera de los equipos que prevalezca gastará mucho más dinero en ganar el premio de lo que este le retribuirá, aunque esperan que la publicidad global y el “mejoramiento de la marca” victoriosa a la larga compensarán espléndidamente su inversión. 

Este nuevo esprint al espacio plantea una pregunta que habría sido ridícula durante la Guerra Fría, en los años sesenta, cuando Estados Unidos estaba dispuesto a gastar más de 4% de su presupuesto federal para vencer a la superpotencia enemiga en la carrera a la Luna: ¿puede alguien en verdad hacer dinero aventurándose en el grandioso espacio? Para una gama manifiestamente amplia de empresarios, científicos y visionarios, la respuesta es un entusiasta “sí”. 

En un famoso discurso en 1962, el presidente John F. Kennedy arengaba a Estados Unidos: “Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer las demás cosas no porque sean metas fáciles, sino porque son difíciles”. En la actualidad, Bob Richards, fundador y director ejecutivo de Moon Express, el equipo estadounidense, ofrece una justificación diferente, aunque provocativa. “Elegimos ir a la Luna –dice– ¡porque es lucrativo!”.

Reportaje completo en Revista National Geographic • Agosto 2017.

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