NOTICIA
LOS CAZADORES DE LA BIBLIA

CIENTÍFICOS, COLECCIONISTAS
 Y MAQUINADORES COMPITEN POR DESCUBRIR TEXTOS SAGRADOS EN UN MUNDO DE INTRIGA Y MISTERIO, DONDE LA RELIGIÓN SE ENCUENTRA CON
 LA ARQUEOLOGÍA. 


POR ROBERT DRAPER 
FOTOGRAFÍAS DE PAOLO VERZONE 

Un calor inmisericorde abrasa las colinas yermas del desierto de Judea, cerca de la costa del mar Muerto. 
Sin embargo, hay un frescor misericordioso en el interior de la cueva donde Randall Price se encuentra tendido boca abajo, con la mirada fija en una grieta donde, apenas el día anterior, descubrió una olla de bronce de 2.000 años de antigüedad. 
“Los beduinos saquearon esta cueva hace unos 40 años –informa Price, arqueólogo estadounidense y profesor de investigaciones en la Universidad Liberty de Virginia–. Por suerte para nosotros, no excavaron a gran profundidad. Tenemos la esperanza de que, si seguimos excavando, llegaremos a la veta principal”. 
Cualquiera que haya oído hablar de estas célebres cuevas, próximas al asentamiento judío de Qumrán, sabe a qué veta se refiere Price. En 1947, unos jóvenes cabreros beduinos se asomaron a una gruta cercana e hicieron uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XX: siete pergaminos enrollados y cubiertos con caracteres hebreos antiguos, los primeros de los famosos Rollos del Mar Muerto. Es probable que los miembros de la secta separatista de Qumrán escondieran los rollos en la cueva hacia el año 70 D.C., cuando las huestes romanas avanzaban para aplastar la primera revuelta judía. Con el tiempo emergerían otros centenares de rollos escritos hacia el siglo III A.C., considerados los textos bíblicos más antiguos jamás hallados. 
Las cuevas de Qumrán se encuentran en la Cisjordania ocupada por Israel y muchos consideran que el trabajo de Price es ilegal, de acuerdo con las leyes internacionales. Pero eso no ha disuadido al estadounidense –ni al israelí Oren Gutfeld, director de la excavación de la Universidad Hebrea de Jerusalén– de continuar con una agenda de investigación derivada de un esfuerzo anterior e igualmente controvertido. 
En 1993, tras la firma de los Acuerdos de Oslo, el gobierno israelí lanzó la Operación Rollo, una inspección de emergencia que abarcó todos los sitios arqueológicos que podría perder el país. 
Para ello se hizo un inventario precipitado y superficial, y aunque los inspectores no encontraron más rollos, produjeron mapas de decenas de cuevas dañadas por terremotos que los saqueadores beduinos podrían haber pasado por alto. En 2010, una gruta identificada como Cueva 53 llamó la atención de Price y, poco después, despertó el interés de Gutfeld, quien la describió como una cueva “jugosa”. “Encontraron un montón de cerámica de distintos periodos, desde el islámico temprano hasta el correspondiente al Segundo Templo y el helenístico –recuerda–. Tenemos motivos para creer que puede haber algo más allí”. 
Hace dos años, durante la exploración inicial de la Cueva 53, los arqueólogos descubrieron un pequeño rollo de pergamino en blanco, así como jarrones de almacenamiento rotos: una evidencia provocadora de que la gruta pudo haber albergado más rollos. Hoy, al cabo de casi tres semanas de excavación, sus hallazgos se encuentran expuestos sobre una mesa plegadiza fuera de la cueva. Pero no hay rollos. Y de esta manera, la excavación continúa. 

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